Corrupción, síntoma de un pueblo enfermo

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Un tema que nuevamente se pone en el tapete de discusión, todo a raíz de los recientes descubrimientos en las investigaciones del caso de supuesta corrupción de altos personeros de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB). Resulta para todos evidente que el caso destapa hechos que no se hubieran descubierto sino se hubiera producido un accidente de tránsito en el que se involucra un vehículo del Estado y el Gerente General de la Planta Separadora de Líquidos de Rio Grande (Santa Cruz).

Este caso devela que no solamente los funcionarios públicos hacen uso indebido de los bienes del Estado sino que existe un gran peligro de adjudicar grandes proyectos de inversión pública a través de contrataciones directas, mediante adjudicación por excepción, bajo el pobre argumento que estos procesos de contratación necesitan celeridad y que mediante licitaciones internacionales son morosas y burocráticas.

Si bien el proceso de nacionalización de los hidrocarburos, llevado a cabo por el presidente Morales en el año 2006, ha permitido que la economía de nuestro país perciba ingresos nunca antes registrados, es también cierto que la falta de control, discrecionalidad e improvisación en la administración pública con el afán de cambiar las viejas estructuras han hecho que nuevamente aparezca en escena un síntoma de una sociedad corrompida, un pueblo enfermo.

Alcides Arguedas en el año 1909 publica su ensayo titulado Pueblo Enfermo en la que enumera y describe una serie de males de la sociedad boliviana de aquella época. Esta radiografía de la sociedad boliviana no ha cambiado mucho después de cien años, lo que nos hace reflexionar y deducir que no importa la inclinación política, izquierda o derecha, socialista o neoliberal, la cosa pública es administrada por hombres que no tienen principios y valores, que son el fiel reflejo de una sociedad enferma.

Considero que la única forma de cambiar esta sociedad además de inculcar en nuestros niños principios y valores en periodos tempranos (infancia), sobre todo debemos dar el ejemplo con nuestros actos, no se trata de decir “haz lo que digo y no lo que hago”. Debemos ser congruentes con nuestros mensajes.

Alguien dijo que la corrupción es inherente al hombre, que no importan los principios cuando alcanzan nuestro precio. A esto respondo que sí existen personas con principios y valores, que aman a su patria, a su nación, que respetan la leyes, que no se venden. Este y cualquier gobierno deberían estar gobernados por los mejores hombres, los más capaces, los que no buscan enriquecerse en forma ilícita, profesionales altamente preparados, personas éticas, personas con sentido común, solidarias y servidores. Lamentablemente en estos más de ciento ochenta y siete años (187) de vida del Estado Boliviano siempre hemos estado gobernados por una élite que solo busca enriquecerse a costa de todos.

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